Encierro de la villavesa
Texto y foto: José Luis Ollo
Este Induráin es una réplica, un voluntario abnegado que resurge de sus propias cenizas en el amanecer de cada 15 de julio. Como se puede apreciar, va peligrosamente acompañado por todos los mozos que, a diferencia del pentacampeón del Tour, no han sabido retirarse a tiempo, a juzgar por su aspecto y sus voces rotas. En esto consiste el llamado ‘encierro de la villavesa’: los que tras el ‘Pobre de mí’ no se han resignado a acabar los sanfermines reivindican la fiesta eterna concentrándose a las ocho de la mañana en la cuesta de Santo Domingo, el mismo lugar en el que se han reunido los corredores de verdad durante las mañanas precedentes. Y allí aguardan la llegada del ciclista, para jalearle por el recorrido del encierro hasta el callejón de la Plaza de Toros, ya cerrado hasta el año que viene.
Lo de la ‘villavesa’ viene de los orígenes de esta tradición, cuando el autobús urbano ascendía por la cuesta para reanudar su trayecto rutinario tras el periodo festivo. El viaje, claro, siempre se frustraba, porque los allí congregados impedían el paso entre gritos, empujones y risas. Ante el peligro evidente que suponía este nuevo rito, el servicio de autobús fue cancelado a esa hora y los mozos comenzaron a citar a cualquier persona, animal o cosa que ascendiera por la calle. Y en eso llegó este duplicado de Induráin, en homenaje al ciclista de Villava que por entonces triunfaba cada año en las carreteras francesas. Y los mozos le acompañaron a trompicones. Y la cosa tuvo gracia. Y se perpetuó, que es lo que ocurre aquí cuando algo tiene gracia.







Qué acertada explicación del “Encierro de la Villavesa”; tanto como precisa. Me encanta la conclusión.
Enjuto M.
19 Jul 09 at 9:50 pm