Sanfermin Encierros

Sanferminencierros Fiesta de San Fermin, sus encierros y su ambiente

En la curva

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Beso1

carpintero

mirada

Fotos Luis Azanza Texto Berta Bernarte

El encierro es una obra en diferentes actos. Apenas está amaneciendo y son los cuerpos de la noche los que todavía se mueven a lo largo de las calles, cuando la curva de Mercaderes comienza a tomar su forma, a merecer su nombre. El resto del año es un simple cruce, el punto en el que se detienen los vecinos para charlar, por el que se pasea o se atraviesa con prisa.

Solo en Sanfermines sus líneas rectas se arquean al vestirse de madera. Un entramado que tablón a tablón van encajando los carpinteros, con precisión, fuerza y mimo, mientras la cubren de una coraza de pino que debe ser capaz de resistir el impacto de 600 kilos embravecidos, de guarecer a los sanitarios y a aquellos que con sus cámaras esperan desde las 5 y media de la mañana para hacerse un hueco sobre estos maderos y que se mezclan en su expectación somnolienta con los noctámbulos. 

Los montadores del vallado de la Carpintería de Hermanos Aldaz Remiro, de la localidad navarra de Puente la Reina, aseguran la única frontera que separa a la ciudad de los animales en su carrera ciega. Llevan haciéndolo 17 años y son necesarios los brazos de una sesentena de personas para encajar más de 2.000 tablones, además de postes, falcas, puertas, empalizadas asegurados por 10.000 tornillos. Quienes mejor que ellos para lanzar el cohete que marca el inicio del encierro, que corrobora que cada pieza está en su lugar preciso.

Si el capotito de San Fermín huele a madera, Mercaderes se hace curva mientras el sol se levanta. Contemplarlo bien merece la pena el madrugón o la noche blanca. Y todavía queda tiempo para un baile, un beso o más. 

Written by Luis

Julio 13th, 2009 at 7:12 am

Posted in Sanfermin 09

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