Despedida en colorado de los Jandillas

Foto JLO

Foto Luis Azanza

Foto y texto Berta Bernarte
Último día. Antes de las ocho, saludos, abrazos, apretones de mano. Esto se termina. Y los morlacos que les van a acompañar en la despedida son los Jandilla, muy temperamentales al menos en lo que al encierro se refiere. Con ellos nunca se sabe.
Estamos a 14 y tradicionalmente no es mañana de cornadas. Pero también está en la mente de todos que fue un Jandilla quien terminó con la vida de David Gimeno el año pasado.
Esta vez si hubo cogidas: tres, con dos heridos por asta de toro en Estafeta y un puntazo en el brazo en la zona de Telefónica. Los Jandillas dieron al encierro una despedida colorada como un preludio del Pobre de Mí de esta noche en la que los pañuelos rojos se separan del cuello y se elevan como aves todavía atrapadas en el sonido de la fiesta. Gavioto, con su nombre de pájaro burlón, tampoco quería irse, toro rezagado que hizo temer de nuevo lo peor. Al final fueron 4 minutos y 23 segundos de emoción alargada, remisa a decir adiós.
Tras el encierro algunos ojos tenían un brillo extraño, apenas disimulado. Mozos que ya empiezan a sentir la nostalgia de la separación. Amigos que se separan, últimas conversaciones, recuento de moratones y anécdotas.
Ante la luna de un bar desde la que se podía ver una pantalla de televisión una brigada de esforzados barrenderos, verde fosforescente, compartía un breve descanso con los restos rojo y blanco de la noche. Al ver a Gavioto, uno de ellos exclamó: “Mira como barre el vallado. A ver si lo contrata el Ayuntamiento para que nos eche una mano”. Incluso ellos a pesar del cansancio, como Sísifos que han luchado estos días por mantener limpias la calles, comenzaban a echar de menos el trote de los toros en el pavimento. Les hubiera gustado atarlos con un cordelito y llevárselos a conocer otras calles, otra Pamplona.





