Archive for the ‘Sanfermin 09’ Category
Espacios
Fotos Luis Azanza Texto Berta Bernarte
Séptimo encierro, antepenúltimo, ya solo queda una oportunidad para correr en San Fermín este año. Hoy la ciudad entera está de lunes, con un agotamiento blando que ralentiza el pensamiento. Después de tantos excesos, tanto festivos como aterradores, previo al cohete el recorrido respiraba una calma pantanosa, como si el cansancio hubiese relajado los ánimos de algunos, ofreciéndoles algo parecido a la serenidad. Menos gente que permitía ver las caras que otras veces tapa la masa, concentradas y despiertas. Sabedoras de lo que se jugaban. El envés del primer día de la semana, el incorporar discretamente lo extraordinario en la vida cotidiana: despertador, café, encierro, autobús, trabajo.
Los toros de Fuente Ymbro también cumplieron con su labor con profesionalidad. Lanzados, no dejaron de correr en ningún momento, lo que se tradujo en la carrera más rápida de todos los Sanfermines, pero tampoco permitieron el dominio total de los cabestros. Cada uno en su sitio, con un toro que se puso en cabeza en Santo Domingo, pero sin dejar de ser consciente de que la manada le seguía.
Vueltos a reunir, el grupo se ha partido en dos en Estafeta abriendo el ansiado espacio para las carreras, con mozos que podían entrar y salir, sin los agobios de días precedentes. Eso sí no les podía faltar reprís. Está claro que cualquiera no puede. Hay que saber, estar física y mentalmente preparado. Con los gaditanos Fuente Ymbro ha sido un hermoso y limpio encierro para el disfrute de los corredores. Que ya les tocaba. Para que tengan un buen lunes.
Foto Berta Bernarte
En la curva
Fotos Luis Azanza Texto Berta Bernarte
El encierro es una obra en diferentes actos. Apenas está amaneciendo y son los cuerpos de la noche los que todavía se mueven a lo largo de las calles, cuando la curva de Mercaderes comienza a tomar su forma, a merecer su nombre. El resto del año es un simple cruce, el punto en el que se detienen los vecinos para charlar, por el que se pasea o se atraviesa con prisa.
Solo en Sanfermines sus líneas rectas se arquean al vestirse de madera. Un entramado que tablón a tablón van encajando los carpinteros, con precisión, fuerza y mimo, mientras la cubren de una coraza de pino que debe ser capaz de resistir el impacto de 600 kilos embravecidos, de guarecer a los sanitarios y a aquellos que con sus cámaras esperan desde las 5 y media de la mañana para hacerse un hueco sobre estos maderos y que se mezclan en su expectación somnolienta con los noctámbulos.
Los montadores del vallado de la Carpintería de Hermanos Aldaz Remiro, de la localidad navarra de Puente la Reina, aseguran la única frontera que separa a la ciudad de los animales en su carrera ciega. Llevan haciéndolo 17 años y son necesarios los brazos de una sesentena de personas para encajar más de 2.000 tablones, además de postes, falcas, puertas, empalizadas asegurados por 10.000 tornillos. Quienes mejor que ellos para lanzar el cohete que marca el inicio del encierro, que corrobora que cada pieza está en su lugar preciso.
Si el capotito de San Fermín huele a madera, Mercaderes se hace curva mientras el sol se levanta. Contemplarlo bien merece la pena el madrugón o la noche blanca. Y todavía queda tiempo para un baile, un beso o más.
Lo imprevisible se hizo sangre
Fotos Luis Azanza
Foto José Luis Ollo
Encierro día 9 de julio con Miuras, cinco minutos de duración y un astado, Ermitaño, discreto en el primer tramo, en el que un toro pelirrojo ya apuntaba maneras buscando carne con los cuernos en vez de empujar con el testuz, como tiene fama esta ganadería. Sin embargo la bomba de relojería se escondía en la manada. Ermitaño descolgado, encelado, cambiando de trayectoria, girando sobre si mismo y arrancándose contra corredores y vallado. Y luego dicen que los Miuras son indiferentes a todo, grandes y nobles. Lo único cierto es que cada encierro es imprevisible, que hay que olvidarse de los tópicos. Nos ha dejado con el cuerpo paralizado, sin palabras, impresionados por un ensañamiento totalmente inmerecido, ante un corredor que simplemente quiso guiar al toro hacia el callejón y que ha recibido una cornada en el torax y otra en el muslo. De blanco y rojo, todavía no se ha hecho público su nombre, aunque se ha informado de que sus iniciales son P.T.L., es vecino de Pamplona y tiene 44 años.
Tras el encierro, al correrse la voz y comenzar a reunirse los corredores, buscaban una pantalla de televisión o alguna cámara de fotos con la secuencia de las cogidas para ver si lo reconocían, preocupados por la fuerza brutal con la que había entrado el cuerno en su pecho. “Ha ido a por él”, comentan. Ermitaño había llegado al tramo de Telefónica lanzando derrotes, mirando a todo lo que se movía, en apariencia desorientado por tanto ruido, tanto movimiento. Sin embargo, difícil saber por qué, de repente fijaba la vista en alguien o en un punto del vallado y se lanzaba, obviando lo que sucedía a su alrededor. O comenzaba a girar sobre si mismo buscando no se sabe si un camino o algún cuerpo contra el que arremeter.
El corredor que ha tenido la mala fortuna de convertirse en el centro de su furia, no ha realizado ninguna maniobra extraña, ni un mal gesto. Simplemente ha tenido el valor de colocarse ante el bicho periódico en la mano, nada más dentro de los cánones, para intentar conducir al morlaco dentro de la plaza. Un acto totalmente voluntario, a toro parado. Pero en vez de seguirle, de cogerle el ritmo y dejarse guiar hacia la calma del toril, Ermitaño se ha arrancado con toda su potencia lanzando al mozo por los aires, empujándole dentro del callejón. Ahí podría haber terminado la danza macabra entre el astado y el corredor, con un puntazo en el muslo.
Sin embargo, lo diferente, lo que nadie podía calcular ha sido el ensañamiento. Parecía que el toro, maldita la gracia, no tenía ojos para nadie más. Golpeado, zarandeado, corneado en el pecho, con una herida abierta, ha conseguido sin embargo salir de la estrechez de la boca que da paso a la arena para dejarse caer fuera. Lo lógico es que, dados los esfuerzos de algunos corredores y pastores, es que Ermitaño hubiese seguido hacia adelante, terminando con un encierro ya demasiado largo. ¿Por qué parecía seguir queriéndole solo a él? A vuelto atrás a pesar de que incluso alguien ha intentado detenerlo agarrándole del rabo, en una acción extremadamente peligrosa. Le ha buscado en el suelo, mientras el herido veía aterrado como se acercaba y llevándole de lado a lado del vallado, destrozándole la ropa, arrastrándole con él. Mientras jugándose el convertirse en un nuevos objetivos los mozos intentaban sacarle de allí. Un joven de camiseta azul hacía por apartar al toro, captar su atención. Mientras otro, con el número ocho en la espada, desde atrás ha conseguido agarrar al caído, tirar de él, separarlo del toro, que finalmente ha continuado su camino.
En total once heridos han tenido que ser trasladados hasta diferentes centros hospitalarios de Pamplona, cinco de ellos por asta de toro, de los que dos se encuentran muy graves. Ni siquiera con los Miuras se puede controlar todo.
Foto Berta Bernarte
Encuentros
Foto y Texto: Berta Bernarte
San Fermín se convierte en un continuo encuentro. De roces y simples miradas, de cruces de comentarios, de réplicas rápidas y guiños, de tropezones que se estiran todo un día o una noche, de un par de bailes sin intercambio de nombres, de amistades de una vez al año, de conversaciones en idiomas esbozados, de telefonazos que anuncian el desembarco en casa de meros conocidos acompañados de todo un equipo de voleibol, de hermanamientos que solo separa lo inevitable…
Los hay que han establecido un día para el reagrupamiento como las peñas de suecos o holandeses con bien regados picnics en el Caballo Blanco, en el paseo amurallado tras la catedral. O los norteamericanos que sueñan con julio para abrazarse en el restaurante El Redín, en la calle Mercado. Allí, cuentan, que el año pasado la reunión estuvo cargada de lágrimas, tragos fuertes y solemnidad. Uno de los promotores del grupo, fiel amante de las fiestas, al que una larga enfermedad había hecho sucumbir, pidió como última voluntad que sus cenizas no faltaran a la cita y fueran diseminadas en el recorrido del encierro. Un regreso definitivo.
Mientras duran los Sanfermines se respira expectativa. Una cuenta a atrás que se desgrana hasta el 14. Porque quién sabe que puede traer un saludo.
El miedo es libre
Foto Berta Bernarte
Fotos Luis Azanza
Foto José Luis Ollo Texto Berta Bernarte
Pudiera parecer lógico que cuando se produce una muerte en un acto público, al día siguiente la participación se redujera hasta casi el mínimo, quedando solamente aquellos poseídos por una pasión que supera el temor. O que pesase en muchos y muchas las advertencias de amigos y familiares que siempre tienden a valorar más el riesgo que la adrenalina. Hoy, desde luego, el recorrido no estaba vacío.
Algunos huecos más de los habituales para ser un sábado, pero muchas caras de tranquilidad e incluso de inconsciencia. Gente que se quedaba parada en puntos apetitosos para un derrote, un resbalón o la repentina atracción de un astado. Incluso ha habido un tipo que en el colmo de la estupidez, muy cerca de la zona donde ayer un corredor experimentado perdió la vida, se ha separado del vallado para arrearle a un toro descolgado en la cabeza. Ha sido pagado con un buen revolcón, sin cornada. La fortuna es ciega. O es que como había indicado un compañero antes del cohete, los Torres Aguirre estaban tranquilamente durmiendo, a pata suelta. Descansados. Mientras que ayer los Jandilla se revolvían inquietos y tensos.
2 minutos 52 segundos. Cerca de medio minuto más para permitir que se corra. La manada ha mantenido un paso que han posibilitado carreras limpias, con un toro que se ha separado tras tropezar en la plaza del Ayuntamiento, sin volverse ni cebarse. Algunos momentos de peligro, los suficientes para mantener la tensión, en un avance constante y más fluido. De libro.
Foto Luis Azanza
Pañuelos rojos en recuerdo de Daniel Jimeno en el punto del vallado donde sufrío la mortal cogida.
Capuchino
Texto y foto: José Luis Ollo
Cuando esta tarde ‘El Fandi’ ha estoqueado a ‘Capuchino’ ha cerrado un ciclo de fatalidad que se había iniciado a las 8:03 de la mañana. A esa hora temprana, el toro colorado de Jandilla teñía las fiestas de San Fermín al cornear letalmente en el cuello a Daniel Jimeno.
Mañana, mientras se sucedan los preparativos para el siguiente encierro, no podremos dejar de mirar el preciso punto del vallado, en el tramo de Telefónica, donde Daniel ha sufrido la fatal cita con ‘Capuchino’. Y volveremos a sentir una conmoción sorda, vacía, como la que nos ha acompañado durante toda la jornada.
No era el caso de Daniel, pero lo que hoy ha ocurrido subraya el peligro de la carrera y quizás disuada a algunos inconscientes. Hoy veremos el encierro de forma diferente, más real. Que dure.
Brindis al cielo
Texto y fotos Luis Azanza
Tener que hacer un brindis al cielo en recuerdo de Daniel Jimeno y hacerse con el toro 106 es una labor que el Fandi ha realizado con elegancia. Ha sido emocionante ver como de igual a igual con Capuchino, la ha recortado y ha logrado parar al morlaco con la mano. Adiós Daniel descansa en paz
El número de la furia
Fotos Luis Azanza
Fotos y texto Berta Bernarte
106 el número de la furia. Capuchino de nombre. Un muerto y al menos tres heridos por asta de toro, numerosos contusionados uno de ellos con un traumatismo torácico severo, en un encierro protagonizado por este toro de Jandilla que arremetió contra los mozos en diferentes puntos del recorrido. Daniel Jimeno, de 27 años, ha fallecido a consecuencia de una cornada en el cuello en el tramo de Telefónica. Natural de Alcalá de Henares, Madrid, sufrió una herida intraclavicular que le hizo perder mucha sangre y entrar en parada cardiaca antes de llegar al hospital. Al no llevar documentación ha tardado en ser identificado, lo que ha multiplicado la angustia de quien no localizaba a algún familiar o amigo que había participado en el encierro de hoy. Finalmente, han sido su madre y su novia quienes le han reconocido.
Como se ve en las fotografías superiores el astado corneó en varias ocasiones en la zona de Telefónica, cercana a la entrada en la plaza, cebándose también en un mozo con camiseta verde al que empitonó en el muslo. Un toro que pronto se separó de la manada primero ladeándose hacia la izquierda en Santo Domingo, para después cambiar la trayectoria y cruzarse arroyando a los corredores contra el vallado derecho en Ayuntamiento. Una valla que por la fuerza del impacto quedó curvada.
Casi habíamos olvidado el peligro real. 15 muertos a lo largo de la historia registrada del encierro estadísticamente puede no representar mucho. Pero cada uno de ellos nos sobrecoge en un ambiente festivo, de emoción y disfrute puro. Vuelve a hacernos sentir el terror que representa la fuerza animal en un entorno cotidiano como son las calles por las que paseamos, compramos el periódico, tomamos un vermú. Descanse en paz.
Futuros divinos
El miedo es difícil de digerir y requiere mucha paciencia. Es en el toro de fuego donde muchos niños empiezan a citarse con la ansiedad y el riesgo, por el mismo recorrido que utilizarán los adultos en el encierro de la mañana. Quizás aquí, entre las chispas y el olor a pólvora, estemos viendo correr a los futuros divinos.
Concentración Zen
Foto y texto Luis Azanza
Conseguir la concentración que tienen los toreros en un patio como el de Pamplona, lleno de gente y bullicio, es una tarea zen. Es un trance necesario para estar atento al comportamiento del astado. Pero son milésimas de segundo en las que un toro derrota y puntea al coletas para trastocarlo todo. Le sucedió a el Cid dos puntazos, uno encima de la rodilla y otro en el escroto, lo mandan al quirófano, en un instante. No parece grave pero lo suficiente para dar al traste una tarde de toros.





































